Amor Propio

by denamora

Hace unos días les hablé de que mis inseguridades me hicieron pensar que no era capaz de conseguir lo que quería, debo confesar que hasta la fecha sigo batallando con muchos de esos demonios.

Desde que era chiquita, alrededor de 4to de primaria, empecé a sentirme insegura con mi cuerpo, a pesar de ser una niña feliz, rodeada de familia y amigos, siempre tuve ese pequeño fantasma que me acompañaba a todos lados. 

No recuerdo bien en qué momento empecé a subir de peso, pero siempre me acuerdo de mi como la niña chaparrita, gordita y con voz de pito, amiga de todo el mundo, justo como todos hacían referencia de mi. Y, a pesar de ser “amiga de todo el mundo” me sentía muy sola. Así fue muchos años de mi vida en donde buscaba encajar con las personas equivocadas y eso me llevó a sufrir demasiado.

Todavía tengo muy grabado en la cabeza, un día en secundaria, que alguien decidió esconder mi carpeta de apuntes dentro de una jardinera de la escuela… el problema no fue el hecho de esconderla y jugar una “broma pesada”, el problema fue que su escondite estaba abajo de la tierra y tuve que ponerme a escarbar para encontrarla. Claramente por no querer que mis papás se tomaran personal una broma, siempre me guarde esas cosas para mí, lloraba sola en mi recamara y al día siguiente hacía como si no hubiera pasado nada, pues, como no quería quedarme sin amigos, perdonaba a quien fuera el responsable de hacerme sentir mal.

Y así me fui haciendo fuerte. Sin más, hice un caparazón grandote grandote para que nadie me pudiera lastimar (según yo). Cambié de amigas e hice unas nuevas en donde me sentía en paz, valorada y muy querida… El problema fue que todas eran flacas y yo no, así que a pesar de todo eso, seguía sin sentirme valiosa porque no me veía como ellas y “ si no eres flaca, no vales”, bueno, eso es lo que nos han querido hacer creer y yo, me lo creía en un 100%. 
Crecí, hice nuevas amigas y nuevos amigos, pero algo en mí seguía sintiendo un vacío y una necesidad de pertenencia y aceptación que no pude comprender hasta años más tarde. 

Durante este camino de encontrar nuevas amistades, encontré 2 amigos, para mi eran los mejores de todo el mundo, nos la vivíamos riendo, venían a mi casa, íbamos juntos a todos lados. Éramos como two and a half women… Me acompañaban a todos lados, “me cuidaban” y yo encontré ahí mi lugar de paz, tanto que me dejé ir como gorda en tobogán… el problema es que ese tobogán terminó desembocando en arena movediza y no en una alberca. 

Les cuento, cuando empezaba la onda de las Blackberry, teníamos un grupo los 3 donde diario hablábamos, se autoinvitaban a venir a mi casa y yo feliz. Un día, cuando llevaba poco en la Universidad, vinieron a verme a mi casa. Entre chismes y risas, me dijeron que leyera un mensaje de “X” persona con la que uno de ellos estaba saliendo. Me dan el celular y erróneamente me ponen la conversación del uno con el otro que empezaba un poco así:

  • ¿Qué pedo, vamos a casa de la gorda o qué?
  • Si we, escríbele a ver si le caemos

Me gustaría contarles que decía después, pero podrán imaginar que en ese momento mi corazón se partió en 1 millón de pedazos, porque las personas en las que yo más confiaba en ese momento habían traicionado algo que me había costado mucho construir.
Amablemente les pedí que se fueran de mi casa porque “tenía mucha tarea” (claramente les pedí que se fueran porque me estaban alcanzando las lágrimas).

Al irse únicamente les escribí:

  • Gracias por venir a verme, los quiere: LA GORDA. 

Y así sin más, me salí del grupo y decidí no permitirme nunca más que me lastimaran así. 
Obviamente como cualquier macho, dijeron que la culpa era mía por leer algo que no debía y en sus cabezas la que estaba mal era yo. 

Pasó mucho tiempo para que pudiera perdonarlos, pero al final cedí y me arrepiento más de lo que se imaginan, porque quien te lo hace 1 vez, te lo hará 2. Y años más tarde esa herida y esa falta de autoestima me llevarían a empezar a tener una relación con uno de ellos, solamente para demostrarme que: No todos merecen segundas oportunidades. 

Les cuento esto, porque esa falta de amor propio me llevó a cometer muchos errores, a buscar aceptación afuera y únicamente seguirme lastimando. Estas situaciones de mi vida han sido de las que más me han marcado, pues quien me conoce, sabe que para mí la amistad es algo serio, que me desvivo por mis amigos y que el hecho de perderlos, significa un gran dolor para mí. Así que imagínense lo que sentí, me deprimí y aumenté unos 7 kilos en el primer semestre de la universidad. 

Un día dije: NUNCA MÁS. Nunca más me rebajaría para estar a la altura de alguien más, nunca más iba a dejar que un comentario sobre mi físico me definiera, comencé a rodearme de gente que me quería más allá de la talla de mi pantalón o del matiz en mi voz. 

Comencé a nutrir mi corazón y decidí hacer algo por mi salud física y emocional. Me motivé a empezar a hacer ejercicio y comencé a ver resultados, lentos, pero los vi. Pero como nos han dicho en todos lados, la comida es el 70% y el ejercicio el 30%, así que como me estaba gustando como me veía, decidí ponerme a dieta.

A lo largo de un poco menos de 1 año, bajé 18 kilos. Me encantaba como me veía, pero sobretodo como me sentía. Me sentía feliz porque había logrado lo que durante muchos años intenté, porque me di cuenta que mi cuerpo es mi aliado y que por salud debía estar mejor, comencé a tener el hábito del ejercicio y lo hice mi aliado, ya que haciendo ejercicio, podía portarme mal de vez en cuando.

Esto no quiere decir que porque haya bajado de peso sea más feliz o porque me quiera más, si no que me quiero desde otro lugar. Me valoro y respeto a pesar de cómo me veo y eso se nota.

Mi camino fue difícil y no había tantas redes sociales, no puedo imaginar a alguien que vive lo mismo que yo viví y que los comentarios que recibe son a través de una pantalla. Debemos aprender a no juzgar los cuerpos, las vidas y las historias de otros porque no sabemos por lo que han pasado. Es muy fácil compararnos con lo que vemos en redes sociales, en una foto de una revista o hasta con nuestras propias amigas, pero es importante entender que muchas veces lo que vemos NO es la realidad y que cada uno de nuestros cuerpos es nuestro aliado, nuestro templo y nuestro motor, así que debemos dejar a un lado el querer vernos como las demás y normalizar que todos somos diferentes y eso ESTÁ BIEN.

Justo ahora, les escribo desde mi 7mo mes en cuarentena, en donde tuve que hacer las paces con las emociones y la ansiedad que he sentido y aceptar que el cambio de rutina y de ritmo, me hicieron ganar 4 kilitos, y ¿saben qué? SE VALE!!!! Porque mi cuerpo se lo merece, me acompañó 1 año de entrenamiento intenso, me llevó a correr 21 y 30 km que JAMÁS pensé que lograría, así que creo que definitivamente merece un apapacho.

Claro que al día de hoy sigo exigéndome mucho para no regresar a pesar lo que pesé antes, porque sé que eso no me hacía feliz y tampoco era sano. Día a día trabajo para no darme el valor en mi físico y permitirme tener antojos y portarme mal, porque vida solo hay UNA. Porque yo también debo aceptarme y quererme como soy, darle el valor al alma de las personas y no a su físico  y además

TODO LO QUE SUBE, TIENE QUE BAJAR

Con cariño,

Den

*Agradecimiento especial a mi nutrióloga @nutkarla.manrique por sus porras y su ayuda constante.

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